domingo, 16 de octubre de 2016

HISTORIAS EDILICIAS





HISTORIA EDILICIA I:
En la “esquina histórica” del pueblo, Alfredo Olmos trastabillo por enésima vez en los adoquines no afinados ,producto de la renovación patrimonial de la calle principal, se detuvo y levanto la mirada hacia el emblema del cristianismo que desde la punta más alta del cerro resguarda que don Sata no vuelva hacer de las suyas en la comarca -y sin darse cuenta como- se escuchó así mismo decir“cuando se jodió este pueblo”. Cerró la boca y por un momento pensó que más de alguien lo había escuchado, pero todo parecía en regla, el taxista seguía en su puesto de conducción a la espera de pasajeros, los transeúntes pasaban como si nada, entonces se escuchó el graznido del pavo real como única respuesta.
HISTORIA EDILICIA II
Celedonio Zapata como todos los días,  se adelantó  en despertar  al canto del gallo, hizo un rápido balance de los preparativos que había realizado la noche anterior para tener todo listo y dispuesto de modo asistir a muy temprana hora  a emitir su sufragio, evitándose  una espera tediosa. Cierto que a él, por su lugar en el panteón de los héroes de la patria no tendría mayores problemas, pues le permitirían saltarse la fila, pero eso  no estaba altura de su condición del último sobreviviente de los soldados de la Guerra del Pacífico del  pueblo  de los paltales y naranjales.
Su nieta,al  sentirlo ya haciendo los preparativos para salir, le preparo  un tazón de  té con miel y una paila de huevos así se aseguraba que no le fueran fallar las fuerzas, pues ya era considerado un milagro que se mantuviera en tan buen estado de salud a su casi 110 años de edad.  Como era de esperar al le gustaba ir solo y muy  engalanado  con el uniforme de parada que el Ejército de Chile se  encargaba de renovarle  cada tres años, le sumaba a ello,   todas las charreteras que le reconocían su heroísmo en las batallas.
Su andar lento  le permitía mantener un donaire  y también pensar en lo orgulloso que se sentía de poder ir elegir a  quien lo iba representar en el municipio.  En eso, él  ya tenía elegido desde hace mucho tiempo a su candidato, era lamentable que no pudiera alcanzar la alcaldía, pues el voto del campo lo manejaba los dueños de fundo y eso hacía que tuvieran la mayoría de los regidores, con todo la señora alcaldesa lo había hecho muy bien  era cosa de ir viendo como  todas las casas del  barrio Arboledas  en sus patios están adornadas de plantas y jardines,  y el pueblo era otro con el alcantarillado y sus calles pavimentadas.
“No podré  ver seguramente como Alcalde a mi candidato a Regidor, lastima es un hombre sencillo pero muy preparado y por sobre todo muy servicial” pensó, cuando ya por fin llegaba al lugar de votación,  el militar de la  guardia de la entrada,  se cuadro y le hizo el saludo de rigor. Paso  a la mesa N°1 y como siempre fue el primero en emitir el sufragio, sintió un flash, el anuncio de que la concurrencia con el sufragio de Celedonio Zapata era  noticia, tomo sin más el camino de regreso y saludo a los numerosos ciudadanos que se disponían a ir a las urnas. Se detuvo en la plaza y se sentó en un banco debajo de un frondoso peumo…en eso sintió el llanto de un bebe  que emergía desde un coche azul, y vio al diminuto jardinero municipal acercarse a la guagua y ponerle el chupe en la boca, se adueñó  de   lugar un silencio solo a ratos interrumpido por el canto de un zorzal.

domingo, 10 de mayo de 2015

VIVENCIAS DE PEUMO Y DE CODAO

MEMORIAS

DE UN

NIÑO ESCRITAS

POR UN ANCIANO



Eduardo Pino Zapata



Mi madre era de origen campesino, hija de Jeremías Zapata; carpintero y encargado del taller de fundición en el fundo el Codao y recuerdo muy bien el fuelle con el cual avivaban el fuego donde la fragua permitía modelar el hierro y el acero al rojo sobre el yunque donde los golpes de un combo hacían nacer las herramientas: palas, guadañas, picotas, azadones, rastrillos, arados, herraduras y quizás cuantas otras cosas.
En alguna parte leí que esas tierras habían sido parte de la encomienda de doña Inés de Suárez, la compañera de Pedro de Valdivia y después esposa de Rodrigo de Quiroga. Pero los Zapata al parecer eran familia antigua en el valle del río Cachapoal y uno de ellos - Martín Zapata – quien se casó con Isidora San Martín matrimonio del cual había de nacer el abuelo Jeremías, quien a su vez se unió con mi abuelita Mercedes, de la cual conservo un recuerdo borroso. En todo caso eran apellidos de familias antiguas en esa comarca con una larga parentela y en mis recuerdos de niño, atesorados en los días de vacaciones cuando mi madre nos mandaba a veranear al campo conocí a algunos de ellos. Tengo la sensación de que los varones eran escasos y que la parte femenina era de lo mas atractiva. Los hombres se iban a la guerra y a menudo no volvían y después, a las minas donde se ganaba buen dinero pero regresaban con los pulmones hechos pedazos por la silicósis, principalmente los que se iban a las minas de cobre en El Teniente, que recién iniciaban sus faenas.
Por eso cuando me refiero a las guerras, pareciera que no gozaban del entusiasmo patriótico conocido en los libros de historia pues las filas de los regimientos se llenaban con las, levas cuando – así lo contaba mi bisabuela Carmen que murió ¿o vivió? de más de cien años y de ahí para adelante no quiso llevar la cuenta – una vez para la revolución del 91 llegó el tren a la estación y una banda se puso a tocar sus marchas y su música juntando gente cuando por la novedad no se dieron ni cuenta que los tenían rodeados y bayoneta en mano echaron a los hombres al tren y se los llevaron. Se salvaron, eso sí los que andaban en las chacras o cuidando ganado… y desde entonces a los hombres los llevaban escondidos a los cerros y allí los iban a ver las mujeres y les llevaban algo de comer… y se supone que les brindaban otros homenajes como “saludo a la bandera de sus amores” hasta que volvió uno que otro porque el 91 en Concón y Placilla murieron mas chilenos que en toda la guerra del Pacífico.
En cuanto a mi abuelo paterno, Clodomiro Pino, había hecho carrera como ferroviario, terminando como maquinista en el ramal de Pelequén a las Cabras y cuando se jubiló se compró una “quinta” en Peumo, al lado de la cancha de carreras. Era casado con Eudosia Molina, quien era hija de Cornelio Molina y Leocadia Orellana…que “venían de Talca”. Mi otro bisabuelo, el padre de don Cloro, era hijo de Mercedes Pino (hombre) uno de cuyos hijos, el tío Merceditos alcancé a conocer cuando era niño. Allí vivían sus hermanas María, que al decir de muchos era la mas bonita y que se casó con Reinaldo Alvarado el primer dueño de microbuses que hacía el recorrido entre Peumo y Las Cabras y finalmente se fueron a vivir a Santiago donde nacieron dos hijos, los Alvarado Pino, una niña muy agradable la Marujita y un hombre Fernando, que sería contador (cito estos hechos un poco para ver la movilidad social unida al proceso migratorio campo ciudad en el siglo XIX), completando la lista de las tías Carmen, Victoria, Sara, la tía “Tola”(nunca supe como se llamaba).
Mi madre no las quería mucho y de mi abuela –su suegra- decía que era mulata y “cayanúa” es decir, tenía “cayana” signo indiscutible de sus orígenes africanos disimulados por el mestizaje y sumergidos en el mundo de los criollos.
Bueno, para el caso da lo mismo y más que seguro los Pino, Zapata, Lara, Vásquez, Orellana, González y Soto del valle del Cachapoal deben ser algo así como parientes lejanos de nosotros. Entre ellos había de todo. Mi madre tenía tres hermanas: la tía Rosa, la tía Celina- que se hizo monja- la tía Elena y los tíos Julio y Manuel. Este último se fue al norte y allí se perdió su rastro durante los años del plebiscito entre Tacna y Arica, parece, como “activista” chileno en Tacna.
Recuerdo también a la tía Teresa, alta y animosa, una de cuyas hijas –la Fanny- era muy linda y se casó con el “negro” Acevedo – que era el contador de la Facultad de Filosofía y Educación, es decir “hizo su suerte”.
Pareciera que las niñas de esos lugares llamaban la atención y en cuanto a mi madre, a juzgar por una fotografía que guardó por muchos años, era una gordita, carita redonda, muy inteligente  atractiva cuyos encantos enamoró a mi padre un vecino de Peumo; simpático, tentado de la risa y como se decía entonces “Picado de la  Araña”.
Por cierto en la familia hubo algunos mas afortunados que otros y entre estos “otros” estuvieron el tío Cruz y la tía Juana. El primero era una especie de “ajuerino” o trabajador campesino “no obligado” cuyo destino era ir y venir buscando alguna obligación y de quien, cuando murió, sus amigos decían que había quedado virgen pues la única mujer que lo recibió en su casa había sido la viuda de un inquilino que se casó con él para poder seguir disfrutando la casa, el huerto y el cuarto de tierra de beneficio que había tenido su marido y cuando el tío Cruz quiso acudir a ella ilusionado por sus derechos conyugales se quedó con las ganas no mas porque le cerraron las puertas del dormitorio.
Otra de las infortunadas sería la tía Juana, que recorría los caminos y llegaba de vez en cuando a casa de mi abuela para comer, viviendo solo del pan y el cariño que le daban aquellas que la conocían.
Hubo por ahí una hermanita menor que tenía facultades mágicas y adivinatorias y de la cual-dijeron- se había enamorado un nomo o duende y que murió muy jovencita después que se mudaron desde Pichidegua a Peumo para huir del duende que no la dejaba tranquila, especialmente si la visitaba o hacía amistad con alguien joven pues cuando éste la iba a ver se le encabritaba el caballo y si pasaba a la cocina a tomarse un matecito, no alcanzaba ni a probarlo porque se le daba vuelta la tetera, apagaba las brasas y ¡ se acabó la visita!.
Total el cura de Peumo conversó con ella en unas misiones y después e unos exorcismos la familia resolvió mudarse a Peumo pero al llegar allí con todas sus cosas en carreta, y cuando alguien preguntó ¿Dónde quedó la piedra de moler que no la encuentro?.... y una vocecita infantil respondió “¡aquí esta yo la traje!” Era el duendecillo que se había escondido entre las cosas de la mudanza… y bueno, tal como me lo contaron lo cuento.
Total, para que las cosas existan hay que creer en ellas y por entonces todavía quedaban duendes y nomos, y almas en pena o aparecidos pagando alguna manda. Además en los campos del Valle de Cachapoal se contaba que allá por los cerros cerca de Las Cabras había una cueva donde se juntaban las brujas, seguramente herederas del shamanismo premapuche y de una cultura agraria antecesora de lo araucano y me parece recordar que la conocían como “ la cueva de Salamanca”¿Salamanca? ¡Vaya uno a saber porqué! y desde luego nada tenía que ver con la universidad de ese nombre.

En cuanto a mis abuelos, pasaron a ser vecinos cuando cada uno por su cuenta adquirió una “Quinta” al lado de la cancha de carreras -carreras de caballos se entiende,- donde nunca pude ver alguna pero sí recuerdo que allí se hacían las Ramadas del Dieciocho. O sea de las Fiestas Patrias y  entre ellas ¡oh recuerdos de niño! La que más me llamaba la atención seria una de esas donde ardía el patriotismo con cuecas con piano, Arpa, Guitarra y panderetas cuya popularidad sobresaliente parecía surgir de los méritos de unas mozas o niñas de lo más alegres, aunque allí no iba ninguna dama decente, en una actitud discriminatoria que por entonces no acertaba a comprender.

En esa vecindad Los Pino eran vecinos de los Zapata y poco mas allá de la casa señorial de un Sr. Enrique Peña y años más tarde supe que se sumaron los Olea, de humildísimos orígenes y que hicieron fortuna vendiendo Paltas, Naranjas y Limones que llevaban en tren a Santiago.
Pero mi padre no tenía vocación para esas cosas y en cambio le echó el ojo a una de sus vecinitas, la Humbertita, que venía precedida de justa fama de estudiosa, inteligente y atractiva. Había estudiado en la Escuela Pública de Codao donde la señora Sara Ossa ó “misiá” Sara como entonces le decían, llevó como visita a una joven, Miss Mac Colly, quien quedó impresionada con esta niñita de chal y rebozo que tenía tan linda letra, que recitaba tan bien y le dijo a Misia Sara que una personita tan linda y tan valiosa no se podía perder y por eso tomaron la iniciativa de llevarla a dar un examen a la Escuela Normal Santa Teresa, en Santiago.

Eso debió ser por allá por los años 20, cuando se recibió como maestra de Escuela Pública y con sus 16 o 17 años, se fue a trabajar a la Escuela de Almahue, poco mas allá de Pichidegua hacia el sur de Codao, pasado el río Cachapoal y, según me contaba mi tío Miguel- hermano menor de mi padre- mi padre enamorado hacia sus expediciones desde Peumo, caminando por la orilla del río para ver a su adorada vecinita y convencida por estos testimonios que no eran de ningún duende enamorado, terminaron contrayendo matrimonio allá por los años 1925.

domingo, 19 de abril de 2015

CAMPAÑA DE ELECCIONES PRESIDENCIALES DE 1964


COMENTARIO DE LUIS "PERA" JIMENEZ EN FACEBOOK:Esta fotografía la he querido publicar con el objeto de saludar al mundo socialista, con ocasión de un nuevo aniversario y para éste efecto, voy a nombrar alguno de los personajes que aparecen de izquierda a derecha, a saber: MARIO ACHURRA, hermano de Emilio Achurra quién fuera un destacado dirigente del Partido Socialista en Peumo y Gobernador en época de la Unidad Popular.,a continuación vemos al Doctor Tafer Urbina, Poeta , un hombre de izquierda, que colaboró en todo aspecto con el Partido Socialista, Después viene el Diputado Socialista Alejandro Chelén Rojas; La compañera Socialista ELSA SÁNCHEZ, dirigente del partido en su época y funcionaria del Hospital de Peumo, cónyuge de Hugo Pérez , quién fuera, Presidente del Partido Socialista, hoy , marginado, por haber sufrido una traición....; doña Elsa aparece saludando a doña HORTENSIA BUSSI, cónyuge del Compañero Presidente SALVADOR ALLLENDE G.., quién aparece en la Foto sentado y con sombrero, en el Micrófono el Compañero dirigente del Cobre, después Diputado del Partido Socialista , compañero Héctor Olivares Solis: detrás de él se observa al compañero Oscar Pedrero Pedrero y a su lado don Fernando Verdugo. Quiero a través de éstos personajes rendir un Homenaje a todos aquellos hombre que dieron su vida por el ideal socialista, para hacer de nuestra patria un lugar justo para la clase trabajadora, y un partido con gente que se preoucupara de los principios de justicia social , con derechos a disentir,dentro de los principios de la democracia interna, pero respetando las ideas distintas, pero no , apoyando o pasándose a otros partidos con otros ideales , al margen de los principios socialistas.-